sábado, 4 de octubre de 2014

Felices 5 meses bebé - Mi parto

Hoy hace justo 5 meses que nació mi pequeño.

Tuve la grandísima suerte que cayó en el día de la madre, y me llevé casi 4 kg de jamón ibérico gracias a Navidul :) Aun me queda el último envase, la verdad es que está de muerte!

Aquel día me acosté pensando que tal vez aquella noche sería la última en casa, empezaba a tener contracciones regulares aunque muy soportables, pero muy frecuentes y cada 5 minutos durante un par de horas.
Era de madrugada, no podía dormir, y creo que Daisy notaría algo, pues justo antes de que yo empezase a sangrar, se subió a la cama, se puso muy pegada a mí y empezó a lamerme. Entonces noté el líquido caliente de la sangre, no me atrevía ni a moverme, no sabía si es que había roto aguas, pero algo me decía que no...
Entonces desperté a M.A. y al encender pues estaba totalmente manchada de sangre.
Tranquilamente pero súper emocionada, ya que iba a parir! nos vestimos, recogimos la bolsa y nos fuimos al hospital.

No tuvimos que esperar nada en urgencias, nada más llegar me pusieron una vía que me dolería un montón durante varios días :S, me llevaron a la consulta para explorarme pero no supieron decirme ninguna causa del sangrado, lo único que me dijeron es que parecía que el bebé no estaba del todo bien encajado.
Me llevaron a monitores y allí las contracciones dejaron de ser frecuentes pero por precaución debido que estaba sangrando bastante, nos dejaron ingresados y a esperar cómo iba evolucionando todo.

La noche la pasamos bien, pudimos dormir todos y yo sin molestias. Al día siguiente todo seguía igual, las contracciones apenas se notaban y no eran tan frecuentes, estuvimos paseando todo el día por el mismo pasillo del hospital para ver si así avanzábamos algo, pero nada, fue una tarde muy tranquila. Vinieron mis padres por la tarde a visitarnos pero en seguida se fueron.

Al poco rato de irse mis padres, las contracciones pasaron a ser más intensas, pedí una pelota de pilates, funcionaba un poco... pero cada vez me iba poniendo más nerviosa y tensa, las contracciones pasaron a la espalda y ahí empezó el dolor de verdad.
Pasamos la tarde-noche aguantando pero la noche ya fue insoportable, ni la pelota, ni la ducha de agua caliente conseguía calmar el dolor, me cortaba la respiración, lo único que me aliviaba algo era el calor de la mano de M.A. en mi espalda, apenas tenía tiempo de coger aire entre una contracción y otra.
Me exploraron y no había dilatado nada, el dolor en la exploración se acentuó más todavía, me llevaron otra vez a monitores, intenté llevarlo como pude y cuando terminamos dijeron de ponerme unos calmantes, bien, tardaron media hora en venir, se olvidaron de nosotros! Pero bueno, me pusieron los calmantes y conseguimos dormir una hora y poco.
Los calmantes dejaron de hacer efecto y tuvimos que llamar a la matrona porque el dolor era horrible, tenía ganas de gritar, pero estando en planta me daba hasta agobio poder desahogarme.
Volvieron a explorarme y apenas había dilatado 2 cm, allí no pude aguantarme y empecé a gritar, a llorar, ya no sabía a qué agarrarme, MA no estaba conmigo y sentía que ya no podía más. La matrona, me propuso la epidural, pero yo quería parto natural, por encima de todo quería parto natural.
Me desanimó tanto que sólo estuviera de 2cm, el bebé seguía sin estar del todo bien encajado, así que me convencieron para la epidural.

Me llevaron a una sala de dilatación, en el momento del pinchazo intenté relajarme y.. surtió efecto! Sólo necesitaba relajarme, respirar hondo y tranquilizarme, cuando me iban a pinchar noté que se acercaba la contracción pero supe relajarme y conseguí controlar el dolor, entonces me pincharon y... me arrepentí. La clave estaba en relajarse.
Sin embargo ya era tarde, la verdad es que la epidural aceleró mucho el proceso y me sirvió para poder descansar un poco, al poco rato ya había dilatado bastante, me entraron náuseas de la anestesia y me tuvieron que retocar el catéter porque estaba un poco ladeado, tenía completamente dormida una pierna y un poco de dolor en la otra, pero me lo arreglaron bien, y por la mañana ya estaba toda dilatada.

Entonces lo noté, noté la presión de su cabecita en mi pelvis, era tan extraño pero muy muy emocionante! Entonces vino la matrona y empezamos el parto, intenté empujar como mejor sabía, pero cada vez que empujaba el bebé volvía de nuevo hacia atrás. No estaba funcionando... me rompieron las aguas y salieron turbias, mala señal, nos fuimos al paritorio.

Toda la calidez que desprendía la sala de dilatación contrastaba mucho con el paritorio, era una sala enorme y en medio la camilla y el potro. Si antes era difícil empujar en la sala de dilatación, en la posición en la que estaba tumbada en el potro era mucho más difícil, me hicieron varias veces la maniobra de Kristeller, qué dolor! Le dije que parase de hacerlo, que no podía respirar, entonces cada vez que empujaba, el matrón me apretaba el abdomen para que el bebé no volviera hacia atrás, mientras oía palabras como que igual habría que usar instrumental, ufff ya lo que me faltaba... pensaba que ya no podía más, me faltaba el aire pero con todas mis fuerzas hicimos el último pujo.
Ahí ya salió! Grité de emoción, qué bebé tan perfecto y precioso... y vaya cabecita tan montada! jajaja pobrecito, él también tuvo que hacer muchísimo esfuerzo para salir. Me lo pusieron encima del pecho, y se hizo caca encima! Vaya recibimiento jajaja qué bonito era mi bebé, y aun notaba que me faltaba el aire, apenas podía respirar, me pusieron oxígeno y mejoró, pero cogieron a mi bebé para explorarlo y aprovecharon para coserme, me hizo un desgarro brutal, ni si quiera me dijeron cuántos puntos tenía, sólo que hubiera sido mejor una episiotomía. En fin...
Lo importante es que tenía un bebé sanote y precioso, pesó 3.080kg y midió 50cm.

Una vez ya pasó todo, nos llevaron de vuelta a la sala de dilatación.
Ahí era el momento, tenía que ponérmelo en el pecho piel con piel cuanto antes para que pudiera mamar. Me lo puse en medio, y con ayuda fue reptando hacia uno de los pechos, qué increíble es el instinto animal, abrió bien grande la boquita y... no se enganchó! Apenas tenía pezón, intenté estimulármelo un poco, pero no funcionó, no sobresalía nada, y cansado el bebé... se durmió. Decidí intentarlo de nuevo en la habitación.

Cuando nos llevaron a planta, vi a mis padres a lo lejos y me puse a llorar de la emoción. Yo era ahora la madre, y qué buen regalo en el día de la madre, realmente fue muy emotivo, creo que aun no era consciente de que había tenido un bebé. Ahí las emociones me vinieron de golpe como una montaña rusa, me entró mucho miedo de cogerlo, me entró un poco el pánico, no sabía nada de bebés! Y si no me quiere? Y si resulto ser una extraña para él? Y si llora cuando lo cojo? Estas preguntas me hicieron sentir muy insegura... Así que... por puro miedo le pedí a MA que lo dejase en la cunita con su pijamita. Ahora me arrepiento, mi bebé necesitaba estar conmigo, olerme, sentir mi calor y mi cuerpo, estar piel con piel.

Llegó la noche, no podía ni moverme, tenía la vía que me molestaba un montón, la sonda, los puntos, y seguía sangrando mucho. El bebé empezó a ponerse nervioso, lo puse en mi pecho pero seguía sin cogerse al pecho, empezamos mi bebé y yo a desesperarnos, vino una enfermera y ya se dio cuenta del problema, tenía los pezones planos. Yo había leído, me había informado que para dar de mamar no importa la forma del pezón, el bebé mama de la areola... ay... qué ingenua, será cierto, pero el bebé necesita el pezón como una referencia física.
Entonces la enfermera nos dijo de usar pezoneras, había oído hablar de ellas algo en la charla de lactancia del centro de salud, y no podía imaginarlo... pero ahí empezó nuestra pesadilla. MA se fue deprisa a buscar una farmacia de guardia para comprar pezoneras, mientras parecía que el bebé se tranquilizó y nos dejaron a los dos solos.
Duró poco la tranquilidad, el bebé empezó a llorar de hambre, a llorar y llorar... Conseguí a duras penas alcanzar el botón para que viniese la enfermera, y ahí ya me desmoroné, llorábamos el bebé y yo, antes de recurrir al biberón, vino con una jeringa para poder hacer vacío y sacar así un poco el pezón pero no funcionó, apenas salía algo de pezón, ni con el frío podía estimularlo, probamos con unas gotas de suero glucosado en el pecho para ver si así se cogía pero tampoco funcionó. En ese momento vino MA con las pezoneras, ni si quiera sabía cómo se ponían! En fin, me las puse como pude y empezó a mamar. No sé si algo sacaría pero le tranquilizó y yo le di las infinitas gracias a la enfermera.

El día siguiente transcurrió bien, pude levantarme y andar un poco por la habitación. Ahí seguíamos con las pezoneras, limpiadas minuciosamente después de cada uso, como si fuese el objeto más valioso del mundo en ese momento, mientras el bebé seguía adormilado pero mamaba cada poco así que estaba tranquila, no lloraba no se quejaba, era un cielo de bebé. Y yo confiaba en que en el taller de lactancia del CS me ayudarían a quitar las pezoneras en algún momento, pero esto ya es otro tema que requiere un capítulo aparte.

Nos fuimos a casa al día siguiente, estaba tan orgullosa de mi bebé, pero qué bonito era!

Bienvenido al mundo precioso bebé.

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